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Manga, anime, cómic, cine y otros temas que me interesan

Red Steel 2

A medida que se acerca la fecha de salida de Red Steele 2 se van viendo más vídeos, más imágenes. Resumiendo, más “hype”. El anuncio que acabo de ver es muy parecido al que se vio hace más de dos años, cuando salió Wii en España, y que flipó a propios y extraños. “Eso de usar el mando como si fuera una katana, cara de flipao aparte, tiene que molar”. El hype se logró, pero la realidad fue muy distinta. La propia gente de Ubi Soft, tiempo después, reconoció que el juego no había salido como ellos querían, que si las prisas, que si tal… Prometieron mejorar para la segunda parte. El caso es que la metieron doblada a más de uno, servidor, al prometernos una experiencia que al final no fue.

Ahora, casi tres años después, vemos un anuncio parecido de la segunda parte del juego. La única diferencia es el cacharrito que se une al mando de Wii, el Wii Motion Plus. Gracias a ese accesorio, parece que la experiencia del juegador será mucho más realista. Vamos, que lo que enseñaban en el vídeo de hace unos años podría ser más realidad que ficción.Nunca es tarde si la dicha es buena, dicen…

De toda formas, a estas alturas de la película y habiendo quedado desencantado con algún que otro juego, la mejor opción es ser cauteloso y no dejarse llevar por las ilusiones creadas por las propias empresas.

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Archivado en: opinión, videojuegos, videos

Rebobine, por favor

Hace ya varios años que en Hollywood hay una crisis creativa tremenda, que ha provocado que se versione todo lo versionable y más. De un tiempo a esta parte, éxito es sinónimo de versión de cómic, videojuego o novela de éxito. Toda la creatividad que hay en las series de televisión se ha perdido en los largometrajes.

Por esa razón son de agradecer iniciativas como esta, firmada por Michel Gondry, en la que el objetivo es hacer una buena película, sin más. Estoy hablando de Rebobine, por favor, una película que cuenta la historia de un videoclub de pueblo que está a punto de ser desahuciado por una empresa que quiere construir unos modernos edificios. La situación es peliaguda, pues el dueño de la tienda es un señor mayor que vive en el pasado –aunque intenta modernizarse a marchas forzadas– y su ayudante en la tienda y su amigo son dos tipos entrañables, graciosos, pero sin muchas luces. Precisamente por culpa de unos de estos muchachos, todas las películas del videoclub –en VHS– se borran. Los pocos clientes que aún confiaban en ellos devuelven furiosos las películas, reclamando el dinero o un trato ventajoso. La situación es trágica, pues el videoclub no puede permitirse perder dinero si quiere salvar la tienda. Por esa razón –y sin consultar con el dueño– deciden agarrar el toro por los cuernos. Si las películas se han borrado, ellos las reversionarán “a su manera”. Por supuesto, la idea es una locura. Hacer versión de un clásico como Los Cazafantasmas con sus medios y sus conocimientos es una locura. Pero lo más sorprendente es la respuesta de sus clientes…

Gondry se sirve de su película para rendir homenaje a algunos de los grandes clásicos del cine, usando para ello recursos caseros, graciosos a la par que resultones, para parodiar con buen gusto películas como El rey León, Hora Punta o la mencionada Cazafantasmas.

Michel Gondry, que tuvo una exitosa carrera como director de videoclips musicales, es un maestro a la hora de jugar con el espacio tiempo, usando efectos muy sencillos pero tremendamente efectivos. Es más, creo que en toda la película solo hay una escena con efectos especiales y está más que justificada.

Rebobine, por favor es una película más que recomendable. Graciosa, ingeniosa, bien hecha.

-En la web oficial puedes ver vídeos sobre la película.

-En YouTube puedes ver el trailer.

Archivado en: cine, opinión

La experiencia de ir al cine…

Se está hablando de que la piratería está destrozando la industria del cine. Que con tanta copia ilegal, con tanto Top Manta y con tanto P2P, el cine está dejando de ganar dinero y viniéndose abajo.

Quizá soy un poco raro al decir que, a excepción de alguna serie de anime nueva que me llama la atención y algún CD de música de animación, me considero bastante “legal” en este asunto. Seguramente no veré tantas cosas como aquellos que tiran de P2P. Me gusta ver un cómic bien editado, me gusta ver una película bien editada, que se vea bien, con algunos extras y, en general, me gusta tener las cosas bien hechas. Siempre he considerado a las redes P2P como la “prueba de fuego” a la hora de comprarme algo. Si me llama la atención algo y no encuentro la manera de probarlo antes de comprarlo, lo bajo y lo testeo. Si me gusta, seguramente me dirigiré a la tienda habitual para hacerme con la versión original. Si no me gusta, lo borro y tengo una opinión.

Recientemente he escuchado que el propio Paolo Coelho ha distribuído sus libros por las redes P2P, por iniciativa propia. Curiosamente, las ventas de sus libros no han bajado y, en algunos países, aumentaron. Si un día me quiero comprar unos zapatos, antes de comprarlos me los pruebo, es así de fácil.

Pero el tema de esta entrada no tiene nada que ver con la piratería. Vuelvo al tema del cine y, concretamente al hecho de “ir al cine”. Recientemente fui a ver No es país para viejos, película en la que participa Javier Bardem. Este proyecto ha tenido mucha repercusión mediática en España, debido a la participación del actor y a la gran cantidad de premios que ha recibido por su actuación. En ningún momento se ha vendido como una comedia, ni una película infantil, ni nada por el estilo. Las imágenes que se incluían en los reportajes eran de corte violento. Bien, parece obvio, ¿no? Sigamos, pues.

Vamos al cine, nos gastamos 12 euros en las entradas y nos disponemos a ver una película para adultos. La sala estaba moderadamente llena. A los pocos minutos, los hermanos Cohen demuestran que con su película nos vamos a reír muy pocas veces. En uno de esos momentos de tensión y violencia, cuando todo el cine está en silencio, se oye una voz infantil, de no más de 5 años, diciendo: “mama, mama”. Esa voz, se repitió en varias ocasiones, logrando enfadar al respetable, que mostró su ira con un castizo: “A ver si nos callamos de una vez, por favor”.

Seguro que, ¿alguien me lee?, cualquiera de vosotros habrá tenido algún tipo de incidente de este calibre. Pagas un dinero por ver una película con tus amigos y complementos (palomitas, chucherías, etc.) y ocurre cualquier cosa de estas:
– Los típicos niñatos que vienen al cine a tocar los huevos. Seguramente no saben que con lo que se gastan en ir al cine, se podrían comprar un cómic, una película o un rollo de cinta aislante (para sus bocas).
– El típico dúo que decide que durante una película es el mejor momento para hablar de sus cosas (“La Mari se acuerda de esta, no le voy a hablar en mi vida. ¿No sabes lo que me ha hecho? Pues verás…)
– Lo que he bautizado como “Audiocomentarios”, que no es otra cosa que el típico ser que piensa en voz alta en un sitio donde hay X personas en silencio (viendo una película).

Y sí, quizá pensaréis que soy un burgués. Y quizá por eso estoy dejando de ir al cine. Quizá por eso me espero al DVD y quizá por eso, un día, optaré por comprarme una buena tele, con todos sus complementos, y ver el cine en casa.

La piratería está destrozando la industria del entretenimiento, de eso no hay duda. Pero hay muchos otros factores que, al menos a un servidor, le molestan lo suficiente como para pensárselo mucho a la hora de ir a un cine, reservando estas ocasiones para citas ineludibles, como la peli de Indiana Jones.

Por cierto, No es país para viejos no está mal y tiene un final que te dejará con la boca abierta (what the fuck?). Pero, por favor, cuando uno va al cine no quiere “extras”. Eso lo deja para la edición en DVD…

Nota mental: la próxima entrada no la hagas de opinión…

Archivado en: cine, critica, opinión

Filosofía editorial

Será que estoy envejeciendo o que soy un rancio, pero no lo entiendo.
He leído algunas noticias sobre editoriales de cómics: algunas se dedican a editar series como Jojo´s Bizarre Adventure y otras se aventuran en el mundo de la edición (Dreamers). Y yo no lo entiendo. Y no, no tengo nada en contra de la gente de IceLands ni de Dreamers, ni de ninguna otra editorial. Todo lo contrario. Pero sigo sin entender algunas cosas.

Desde siempre me he considerado un “fan activo”. Desde bien joven (cof, cof) he estado involucrado en proyectos relacionados con el manga y el anime (y el cómic): fanediciones, fanzines, revistas de poca monta, incluso una editorial de menos monta, blogs, portales de información… vamos, que menos fansubs, prácticamente lo he probado todo. Quizá por eso sigo sin entender algunas actitudes.

En los principios de los principios, editar fanediciones era algo “de envergadura”. De hecho, en algunos momentos fue una labor heroica, al ocupar el hueco que durante unos años dejaron las editoriales. Hacer fansub, en la época del VHS, era algo impensable, que requería tarjeta de vídeo muy cara y unos medios que antes no estaban al alcance de nuestros bolsillos. Sacar fanzines era algo menos arriesgado (y más divertido), pero siempre miré con admiración aquellas revistas (o fanzines) que aparecían con portada a color y distribución nacional, considerándolas –erróneamente– inalcanzables. Después de haber hecho muchas cosas en plan amateur, en aquel tiempo, jamás se me ocurrió ponerme a editar cómics en una editorial pequeña y humilde. Pero es que, si antes lo veía realmente oscuro, ahora lo veo completamente negro.

Reconozco que pertenezco al grupo de personas que no acaba de comprender como algunas editoriales siguen aguantando ante un panorama editorial tan sobresaturado como el español. No alcanzo a comprender como hay editoriales que tienen el “valor empresarial” de ponerse a editar serie de 20 o 30 tomos con tal alegría,. Pero me cuesta más creer que todavía haya gente que vea con optimismo el dedicar su tiempo montando una editorial de cómics. Que cada uno se dedique a lo que quiera, oiga, que no voy a ser yo el que prohiba que fulanito o menganito se dediquen a eso de hacer tebeos. Pero tengo curiosidad por saber si existe alguna recompensa, económica o psicológica, en eso de ser un pequeño edito de cómics.

Y con esa incógnita sigo leyendo noticias que no paran de asombrarme y que me hacen dudar sobre si realmente existe una crisis económica en España.

Archivado en: editoriales, opinión

Mi manga es mejor que el tuyo… a ver si te enteras

No recuerdo dónde leí que habían premiado un manga, que actualmente se publica en España, con un prestigioso premio en Japón. También recuerdo haber leído un comentario al respecto en el que se decía que la editorial que tenía los derechos de esa obra en España, no le sacaba partido a la situación. Pero no es la única. Pocas son las veces en las que una editorial de manga destaca una obra por encima de otras de su catálogo y menos aún cuando destaca alguno de los premios que ha conseguido. Las editoriales españolas de cómic suelen vivir en su mayoría de la autopublicidad. Es algo que existe desde los primeros tiempos del manga en España. Se crea un círculo vicioso en el que, si estás fuera, no sabes dónde se publica una serie, pero si estás dentro, la publicidad causa el efecto contrario al deseado, pasando de informar a molestar.

Al principio, cuando la falta de información era la tónica habitual, la gente basaba su afición en la prueba/error. Ir comprando “números 1” hasta dar con LA serie. Ahora, donde el último en llegar está más puesto que un servidor, los mangas venden más por las ansias de los lectores, que por las maniobras de publicidad de las editoriales. Por ejemplo, estoy esperando como loco a que aparezca Pluto. He visto el primer tomo –en japonés– y es una serie que me interesa comprar. Hace 10 años hubiera pensado que era una versión manga del personaje de Disney y ni siquiera hubiera reparado en prestarle atención hasta ojearlo en la tienda.

Seguro que más de uno habrá visto algún DVD en el que se coloca en un lugar bien visible que la película en cuestión ha recibido premios. Incluso a veces ponen que ha sido nominada, sin conseguir galardón alguno. También sucede lo mismo a la hora de promocionar una película para cines. Los premios siempre atraen al comprador. Da igual si tienes poca fe en la legitimidad de que el actor X gane un Oscar, o que haya recibido una mención en un festival alternativo que se celebra en un pueblo de 5000 habitantes. Este tipo de reclamo funciona, o al menos debe hacerlo si se sigue usando. En el manga no sucede así. En nuestras bibliotecas, seguro, tenemos obras que han sido premiadas o con el Premio Tezuka, o alguno de los muchos premios que se otorgan en Japón. Seguro que, si nos ponemos a buscar, encontramos más de una sorpresa y, es posible, acabemos mirando/leyendo ese manga con otros ojos.

Es triste que un sistema de promoción como éste no sea utilizado por las editoriales. Es triste que si una obra ha recibido un premio me entere por la prensa especializada, que poco o nada gana por dar esa información, y no por la editorial.

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¿Buenas ediciones o series preferidas?

No tengo nada en contra del equipo que ha organizado el Expomanga 2007, pero me ha llamado la atención la lista de ganadores de los premios que se han otorgado recientemente en este evento. Unos galardones que juntan la opinión de aficionados y profesional y que tiene la sana intención de buscar un resultado lo más global posible. Había muchas categorías, algunas sólo las he visto en estas votaciones. Me parece fantástico. Pero viendo las votaciones me pregunto si habrá gente que habrá confundido las cosas.

Centrémonos más en una de las categorías, la del mejor manga. Los ganadores han sido Death Note, FullMetal Alchemist y Nana. Series que, sin duda, son del agrado del público mayoritario y, sobretodo, del más friki. ¿No es posible que se haya confundido lo de “mejor edición” con “serie preferida”? No tengo nada en contra de las ediciones premiadas (todo lo contrario) pero sinceramente, creo que el punto determinante que las ha aupado a los primeros puestos ha sido el éxito que tiene la serie, no la mayor calidad de la edición. Está claro que las editoriales pueden llegar a saber qué serie funcionará y qué serie puede tener problemas, y en base a ello dar prioridad a un producto en detrimento del otro. Pero insisto, ¿creéis que las series premiadas son mucho mejores que las otras (argumento/dibujo al margen)? ¿Estamos premiando la labor de la editorial o la del artista?

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