Lo reconozco. Me gustan. Seguro que a tí también. Son esas chismes ingeniosos que te facilitan las cosas. Esos productos con los que, de no tenerlos, tu vida sería un poco menos cómoda. ¿A nadie se le ocurrió inventar esto antes? ¿Es que nadie ha tenido este problema a la hora de comer un yogur?
Bendita la señora/ita que ha tenido la idea de inventar algo así. Y bendito el momento en el que me encuentre en disposición de comprar esta tontería. Espero que me salga bien de precio.
Es un hecho, nos estamos cargando el planeta a cada día que pasa. Unos más que otros, claro está. Pero eso a la Tierra le da un poco igual. No me considero y ecologista radical que a riesgo de su propia vida haría cualquier estupidez con tal de mostrar su rechazo sobre un asunto. Pero si que es cierto que se pueden tomar algunas medidas sencillas que, sin ser una gran molestia para uno mismo, pueden hacer que la situación poco a poco cambie.
Una de esas costumbres que estoy intentando asimilar en mi día a día es la del Furoshiki. Se trata de una tela cuadrangular –que puede ser de seda, algodón o nylon– y que sirve para envolver cosas. Pueden ser objetos personales o incluso regalos, conviertiendo el envoltorio en un aliciente más del regalo. La ventaja del furoshiki es que se puede reutilizar las veces que quieras y que puedes hacer el envoltorio de varias maneras, de forma que se adapte al objeto transportado. Además, no es excesivamente complejo aprender a envolver una botella con un poco de gracia, un bento o hacerte un bolso con un trozo de tela.
El furoshiki fue un invento japonés. Se usaba para no confundir la ropa en los ofuros (baños públicos). De manera que, poco a poco se fue convirtiendo en una costumbre usada más allá de los baños, para llegar a ser todo un arte. Poco a poco la costumbre se perdió en beneficio de las bolsas de plástico. Pero no hace mucho que el propio Ministerio de Medio Ambiente ha promovido la recuperación de esta costumbre y que ha acabado convirtiéndose en una moda entre las jóvenes. De esta manera se reduce el número de bolsas de plástico notablemente.
Otra opción, igual de válidad pero menos nostálgica, es usar bolsas que no sean plásticas. Hace unos meses compré en una tienda que se llama Tokyo Hands una bolsa de la marca Benetton que se enroscaba para acabar ocupando un mínimo espacio. De esta manera, siempre que necesites cargar algo, puedes llevarte tu propia bolsa.
Poner tu grano de arena con el medio ambiente no cuesta tanto. Además de útil, es estético. Os dejo enlaces relacionados con el Furoshiki, por si estáis interesados en el tema.
Hace ya varios años que en Hollywood hay una crisis creativa tremenda, que ha provocado que se versione todo lo versionable y más. De un tiempo a esta parte, éxito es sinónimo de versión de cómic, videojuego o novela de éxito. Toda la creatividad que hay en las series de televisión se ha perdido en los largometrajes.
Por esa razón son de agradecer iniciativas como esta, firmada por Michel Gondry, en la que el objetivo es hacer una buena película, sin más. Estoy hablando de Rebobine, por favor, una película que cuenta la historia de un videoclub de pueblo que está a punto de ser desahuciado por una empresa que quiere construir unos modernos edificios. La situación es peliaguda, pues el dueño de la tienda es un señor mayor que vive en el pasado –aunque intenta modernizarse a marchas forzadas– y su ayudante en la tienda y su amigo son dos tipos entrañables, graciosos, pero sin muchas luces. Precisamente por culpa de unos de estos muchachos, todas las películas del videoclub –en VHS– se borran. Los pocos clientes que aún confiaban en ellos devuelven furiosos las películas, reclamando el dinero o un trato ventajoso. La situación es trágica, pues el videoclub no puede permitirse perder dinero si quiere salvar la tienda. Por esa razón –y sin consultar con el dueño– deciden agarrar el toro por los cuernos. Si las películas se han borrado, ellos las reversionarán “a su manera”. Por supuesto, la idea es una locura. Hacer versión de un clásico como Los Cazafantasmas con sus medios y sus conocimientos es una locura. Pero lo más sorprendente es la respuesta de sus clientes…
Gondry se sirve de su película para rendir homenaje a algunos de los grandes clásicos del cine, usando para ello recursos caseros, graciosos a la par que resultones, para parodiar con buen gusto películas como El rey León, Hora Punta o la mencionada Cazafantasmas.
Michel Gondry, que tuvo una exitosa carrera como director de videoclips musicales, es un maestro a la hora de jugar con el espacio tiempo, usando efectos muy sencillos pero tremendamente efectivos. Es más, creo que en toda la película solo hay una escena con efectos especiales y está más que justificada.
Rebobine, por favor es una película más que recomendable. Graciosa, ingeniosa, bien hecha.
-En la web oficial puedes ver vídeos sobre la película.
Ya queda menos para que llegue a España una nueva versión de Mario Kart. Será a partir del día 11 de abril cuando podamos ponerle las manos encima a uno de esos títulos que “hay que tener” si eres usuario de la Wii de Nintendo.
La saga Mario Kart lleva desde 1992 deleitándonos con grandes juegos, que van más allá de las virguerías técnicas de Forza Motorsport o Gran Turismo. Mario Kart hace que algo aparentemente fácil, hacer un juego de karts, sea tremendamente adictivo, muy bueno y un superventas. Por algo será.
Es cierto que ha habido algunas versiones que no han impresionado mucho, pero por norma general un Mario Kart siempre es sinónimo de pasar buenas horas de diversión. Aunque me gustan los videojuegos, no me considero un jugón empedernido y mucho menos un seguidor acérrimo de muchas sagas. Seguramente, la única excepción sea ésta, de la que he tenido ocasión de jugar –creo– a todos los títulos oficiales de la saga. De hecho, en ocasiones echo alguna partidita al Super Mario Kart de Super Nintendo. Un juego que tiene 16 años, algo que en el mundo de los videojuegos es muchísimo, pero que sigue viciando como el primer día.
Se ha dicho mucho sobre el nuevo Mario Kart de Wii y la verdad es que promete. Mezclarán circuitos nuevos con algunos antiguos, incluirán por primera vez motos, modo online y se habla de un chat predefinido ingame. Esto último lo considero una tontería, porque suficiente tendremos con jugar como para chatear mientras vamos con nuestros karts. También se comenta que el juego tiene, opcional, un volante de plástico cutre que se venderá a parte.
Habrá que esperar dos semanas paraque se disipen toda las dudas, se pueda jugar de una vez y podamos hacernos una opinión decente sobre –a buen seguro– uno de los juegos del año para Wii. Os dejo con la intro japonesa del juego.
Poco a poco se van desvelando más imágenes, más videos y más entrevistas relacionadas con el proyecto animado de Batman: Gotham Knight. Una especie de Animatrix, pero en esta ocasión con el hombre murciélago como protagonista.
Es curioso, porque han habido algunos intentos de exportar el talento de artistas japoneses a las páginas de algunas series de cómic americano, pero no ha habido mucha suerte al respecto. Por el contrario, los intentos relacionados con el anime han corrido mejor suerte. Da que pensar. También es cierto que en Japón también lo intentaron, con igual suerte.
Ya esta en línea el sitio oficial sobre el proyecto, liderado por gente como Satoshi Kon y el Studio 4ºC. Serán seis cortos animados que profundizarán en el personaje y que complementarán al estreno de un nuevo largometraje.
Sin estar obsesionado con estar a la última, cuando encuentro algún programa, red social o demás, me informo un poco por encima sobre las posibilidades que tiene y, a veces, me adentro un poco más en el tema para sacar mis propias conclusiones y/o participar.
Lo he probado con varios programas: entras, participas, sopesas los pros y los contras y decides seguir o no con el asunto en unos días.
Pero hay una cosa que me supera: Twitter. Leo en muchos blogs que Twitter es la bomba, que es un vicio y que merece la pena abrirse una cuenta, totalmente gratuita. La gente te invita a entrar en sus cuentas, participar, etc. Pero lo que yo veo es, para mí, un caos. Es como un chat multiusuario, sin orden y sinsentido. No lo entiendo. De hecho, si la memoria no me falla, la idea inicial de Twitter era compartir con la gente que te sigue algún aspecto de tu vida usando menos de 140 palabras. Puedes usar Twitter casi desde cualquier sitio, porque es comptible con muchos gadgets, por lo que podías estar en, por ejemplo, la calle, y compartir con el mundo que hacía un día precioso en tu ciudad.
Ya de por sí, la idea no me gusta mucho. Es más fácil escribir, pero no encuentro demasiado interesante explicarle al mundo cosas de mi vida en pequeñas cápsulas (además, no conozco a nadie en persona que use Twitter). Y parece ser que a los usuarios de Twitter tampoco, porque la mayoría de los que he visto se han convertido en caóticos chats de difícil comprensión.
No sé si hace falta decirlo, pero esta entrada solo demuestra lo estrecho que soy para algunas cosas. En ningún momento están en mi mente ofender a la gente que usa Twitter. Faltaría más.
Me gusta el cine, aunque no soy un cinéfilo que lo vé y lo compra todo. Y me gusta el mundo de la tipografía. Ya dije que intentaría abir este blog a más temas y con esto empiezo. Para todos los que hayáis visto Kill Bill –en versión original, a poder ser– mirad este vídeo en el que se escenifica la escena en la que Lucy Liu se hace la chula. En lugar de actores, tipografías. Que sirven para casi cualquier cosa y no piden esas cantidades de dinero para actuar…
Japón tiene cosas malas. Algunas de ellas muy malas. Pero mi mente occidental, sin dejar de lado estas pegas, se fascina con muchos otros aspectos de la cultura japonesa.
Uno de mis últimos hallazgos fue una colección de “tapaderas” urbanas. No sé cuál es el nombre correcto, pero si os fijáis en la imagen que adjunto en esta entrada, me acabréis entendiendo (y quizá con algún sabio comentario me acabéis corrigiendo). En esta web podéis ver una recopilación de muchas tapaderas de distintos lugares de Japón. Son verdaderas obras de arte. Como cuadros metálicos que pueden verse por la calle. Y, lo mejor de todo, se mantienen en perfecto estado. No hay ningún gracioso que las ensucie con un grafitti o pintada de cualquier tipo (esta es una de esas cosas buenas que tiene este país).